Promover una alimentación saludable desde temprana edad es fundamental para el desarrollo integral del niño en su presente y futuro. Pero es un desafío cotidiano en toda casa conseguir que los niños incorporen ciertas comidas, por lo que los especialistas dan consejos y trucos a los padres.
“Todo comienza en el vientre. Si durante el embarazo la madre consume frutas y verduras, se genera en cierta forma una preferencia por estos alimentos en el niño por nacer, ya que a partir del cuarto mes de vida intrauterina pueden sentir los diferentes sabores de la alimentación”, asegura el pediatra Luis Eduardo Bossi, especialista en nutrición.
Esos padres son el ejemplo en todos los aspectos de su vida, y la buena alimentación no escapa a ese universo. Enseñarles a consumir alimentos variados y ricos en nutrientes y promover hábitos sanos serán vitales para su bienestar y crecimiento, evitando posibles problemas a futuro.
Primeros meses
Cuando se nace, comienza el período de lactancia materna, una leche que tiene distintos sabores dependiendo de varios factores, según la alimentación de la madre en las diferentes horas del día; por este motivo, el bebé no se aburre de esa comida. Bossi asegura que, si durante este tiempo la ingesta es variada y con aportes naturales, luego no habrá ningún problema en lograr que se acepten frutas y verduras en la dieta cotidiana.
“La gran diferencia entre la leche de fórmula y la materna, es que la primera tiene siempre el mismo gusto; este es otra razón por la que es preferible la materna para que antes de llegar al sexto mes de vida se pierda el miedo a los sabores nuevos”, añade.
Según el experto, es normal que se presente la neofobia (miedo o rechazo a probar alimentos nuevos) a partir del año y medio, debido a que se desacelera el crecimiento y comienza la socialización, lo que deja la comida en un segundo plano. Si no hubo variedad en las etapas anteriores, la selectividad en los alimentos será muy limitada en este momento.
Sano y completo
El objetivo de que una ingesta sea sana y completa se puede tornar un desafío. “Es importante que el niño realice todas las comidas principales (desayuno, almuerzo, merienda y cena), lo que permite incluir todos los grupos de alimentos: frutas y verduras, cereales, lácteos, carne y huevos, azúcares y grasas”, afirma la licenciada en nutrición Agostina Veglia, quien recomienda que los padres preparen las comidas con los hijos para que ellos puedan seguir ese ejemplo y vayan reconociendo diferentes texturas y sabores.
“Si los chicos presentan rechazo a comer frutas y verduras, nunca hay que dejar de ofrecerles probando diversas formas como ser licuadas, en puré, ralladas, en ensaladas, con agregados. Con el tiempo las papilas gustativas van modificándose y pueden llegar a aceptarlas”, agrega la especialista, que aconseja formar figuras divertidas y graciodas en el plato para llamar la atención del niño (con sus personajes favoritos, por ejemplo).
El pediatra Luis Eduardo Bossi detalla cómo debe estar compuesto un plato saludable y completo:
- 50% de verduras (la mitad del plato).
- 25% de proteínas, las cuales pueden ser animales (carne de vaca, pollo, cerdo, pescado y pavo) o vegetales (lentejas, arvejas, porotos, garbanzos, chaucha y soja, entre otros).
- 25% de cereales (arroz, fideos y se puede incluir la papa, al tener una mayor cantidad de hidratos de carbono).
Llevar una alimentación desordenada y sin variedad, el exceso de sal y de azúcar durante el embarazo y en la infancia como así también el déficit de calcio, pueden generar tanto en la madre como en el niño problemas como hipertensión arterial, obesidad, diabetes o trastornos alimentarios.
Comer con hambre
“Hay que aprender a comer con verdadero hambre; cada cuatro o cinco horas cuando el estómago se vacía, y es tiempo de preparar un plato saludable que genere saciedad. Pero se debe evitar comer por aburrimiento, estrés, tristeza -asevera Bossi-. Hay muchos padres que, al primer llanto de su hijo, le dan lo que quieren a cualquier hora. Después el chico piensa que el comer es la solución a sus variados malestares (físicos o emocionales) y rechazan las comidas principales”.
Los especialistas recomiendan no prohibir la comida chatarra, las bebidas azucaradas y las golosinas, pero sí regular el consumo. “Que sea sólo el fin de semana o en algún cumpleaños. Durante la semana se debe optar por la alimentación saludable, con jugos y agua en el horario de la comida”, acota Veglia.
Por otra parte, la nutricionista recomienda opciones de viandas para llevar al jardín o al colegio: turrones, galletas, vainillas, tutucas, triguito, sándwich de queso, jugo en botellas, pochoclos u obleas de arroz bañadas en chocolate.
Desde la psicología
“La salud mental está estrechamente ligada a los procesos cerebrales. El cerebro humano es un órgano muy grande, de alta tasa metabólica y gran consumo de glucosa, se encuentra afectado por todo lo que consumimos, por eso es indispensable una nutrición e hidratación adecuada”, explica la psicóloga Mariana Aguirre, especialista en Neurodesarrollo Infantil.
Al mismo tiempo, advierte sobre la importancia de promover, desde la más temprana infancia, hábitos sanos como realizar actividad física, mantener unos horarios ordenados de comida y respetar las horas de sueño necesarias.
La terapeuta gestáltica infanto juvenil Cecilia López expresa: “Nuestro cuerpo (alimentación y oxígeno) va de la mano de nuestras emociones, y éstas rigen nuestra vida y salud integral. El alimento es todo lo que entra por nuestros sentidos, aparte de la comida; también nos alimentamos de las relaciones con los demás. A veces, emocionalmente nos alimentamos mal y reproducimos ese mismo vínculo en la alimentación propiamente dicha”.
El placer
Aguirre explica que la comida chatarra genera ansiedad, sobre todo aquellos hidratos de carbono y alimentos procesados con alto índice glucémico, debido a que neurológicamente el azúcar activa el “sistema de recompensa cerebral” mediante el cual se asocia ciertas situaciones al placer.
“Este proceso está en la base de las conductas de ansiedad y los niños tienen fascinación por estos alimentos chatarra, hay un mercado que los incita a consumir este tipo de comidas”, alerta.
“Nos encontramos en tiempos de mucha ansiedad producto de lo vivido en esta pandemia; pero también tuvimos la oportunidad de enseñarles a nuestros hijos valores relacionados a hábitos saludables y, entre ellos, a comer comida casera y preparadas por nosotros mismos. Conservar lo aprendido es indispensable”, dice López, especialista en Bioenergética en niños y adolescentes.
Es importante que los padres estén atentos ante estos panoramas para ayudar a los niños a tener control sobre la comida, y así poder mantener un equilibrio sano emocional y alimenticio. De lo contrario, el cuadro puede llevar a problemas graves de sobrepeso u obesidad, lo cual tiene múltiples desencadenantes que son muy duros de atravesar para el niño tanto física como emocionalmente.
(Producción periodística: Mariana Ávila)